“Una argentina en París”, entrevista con Leonardo Maldonado.

Una Argentina en París, de Alexis y Leonardo Maldonado.

Una Argentina en París, de Alexis y Leonardo Maldonado.

 

On ne voyage pas pour voyager

mais pour avoir voyagé.

Alphonse Karr.

Leonardo Maldonado es originario de la ciudad de Campana, egresado de la carrera de Comunicación social de la Uba y cineasta. Desde los 20 años tiene un sueño: conocer París, la ciudad que visitó en sus lecturas, en su imaginación. Frente a la concreción de este sueño, lo acompaña su miedo a volar, en parte vencido, porque logra arribar a París y filmar un diario de viaje, una experiencia personal donde se cruzan lecturas, miradas, sensaciones, identidades y sorpresivamente un hallazgo: hay una Argentina en Europa, y se encuentran en las líneas del Metro parisino. A partir de ese descubrimiento, se tejen vínculos imaginarios entre los dos países atravesados por la mirada del viajero y el contexto de su época. Che Monsieur entrevistó a Leonardo quien nos habla del proceso de filmación, la construcción de la autoficción y sus vínculos con la cultura francesa.

¿Cómo es tu formación en el campo del cine y por qué tu inclinación hacia el formato documental?

Estudié Comunicación Social a principios de los noventa en la UBA y al mismo tiempo empecé la carrera de dirección de cine en una escuela privada, pero cursé sólo un año. No pude mantener el ritmo de hacer dos carreras al mismo tiempo. Y por otro lado, estudiar cine era caro, no podía pagar la cuota. Pero de a poco fui tomando cursos de escritura de guión, de montaje, de dirección de actores. Y después empecé a hacer cortos de ficción. Mi contacto con el documental, sobre todo el político, se lo debo a la carrera de Comunicación. En los dos últimos años hicimos dos: uno sobre la censura en el cine durante la última dictadura y otro sobre la entonces naciente agrupación Hijos.

 

¿Cómo surgió la idea de hacer Una Argentina en París? ¿cuáles son los vínculos que te interesó explotar?

En realidad no lo tenía pensado, surgió de casualidad cuando mirando el mapa del metro descubro que hay una estación que se llama como nuestro país. No lo sabía. Investigué sobre la historia, el porqué del nombre, me interesó, y la incluí en el recorrido que ya tenía en mente. Hasta entonces tenía pensado filmar mis días allí como turista. Fui con mi esposa, mi hija y mi hermano. Y unas semanas antes de partir leí un artículo en un diario español que fue el detonante para empezar a pensar qué filmar, a quién, y para qué. Se me apareció la figura del flâneur de la que habla Walter Benjamin, del paseante sin rumbo que se deja seducir por la ciudad. El rodaje en París fue completamente intuitivo.

En la película relatás que tu primer contacto con Francia fue a través del arte y la ficción, ¿podés describirnos esos primeros viajes imaginarios que hiciste y qué encontraste y sentiste cuando visitaste París por primera vez?

Creo que en nuestro país hay una idealización muy fuerte sobre París. Desde niños nos dicen que a los bebés los trae la cigüeña de allí. Mis primeros viajes imaginarios se los debo a María Elena Walsh, a sus canciones, en especial la de Manuelita. En muchas películas aparecen la Torre Eiffel, Notre Dame, el Arco del Triunfo. Mi deseo de visitarla se fue tornando más consciente hacia los veinte años. Mi acercamiento a Francia fue primero por la literatura y la historia, el cine llegó después. Mi pasaje de la idealización a una mirada más crítica fue progresivo. Conocer París fue muy fuerte.  Cuando bajé del avión ya me sentía feliz. Del aeropuerto fuimos al hotel en taxi y el chófer pasó por la Torre Eiffel y eso fue emocionante. Estaba excitado todo el tiempo, me ponía serio sólo para la cámara.

El documental está narrado en primera persona, es como el rodaje de un diario de viaje físico, mental y emocional, ¿qué te llevó a esa decisión de poner el cuerpo?

En realidad no es un documental sino una autoficción. Ocurre que tiene un registro documental y que yo encarno el único personaje. Pero ese no soy yo, aunque tiene muchas cosas mías, como el miedo al avión o la caracterización como director fracasado. Pero en otras cuestiones hay construcción de ese personaje. Una de ellas fue a la fuerza. Cuando rodamos, no me percaté de mi anillo de casado, entonces inventé una crisis matrimonial. Me encanta que describas a mi película como un diario con esas tres características porque es la idea que quería transmitir. Si bien partió de una idea mía y yo puse el cuerpo es un film tanto mío como de mi hermano, que fue el que hizo cámara.

Leyendo en París.

Leyendo en París.

 

Se te ve en el documental en escenas de lectura parisinas, ¿cómo es tu relación con la lengua francesa?

Leo mucho y quería registrar las lecturas de los libros en francés que iba comprando. Leo literatura francesa desde adolescente. Flaubert debe ser uno de los primeros que leí. A los veinte años descubrí el cine de la Nouvelle Vague y me impactaron muchas cuestiones: la representación de la juventud y de la intimidad, la libertad expresiva de la cámara, el cuestionamiento a la sintaxis cinematográfica del cine clásico. No recuerdo cuál fue el primer film de Godard que ví, pero sí retengo la sensación de haber visto algo nuevo. No es habitual que el cine genere nuevas percepciones del mundo. Y tuve la necesidad de aprender la lengua, no quería leer los subtítulos, no quería esa mediación.

Mañana un cineasta fracasado caminará por las calles de París, enunciás en la película.  Es un buen título para una novela, ¿quién es hoy ese cineasta y qué es hoy para vos esa Francia?

Parece que me leyeras la mente porque de hecho estoy escribiendo una novela con título muy parecido. Voy más o menos por la mitad. Y retomo algunos episodios que están en el corto. El protagonista sigue siendo ese cineasta frustrado. ¿Quién es ese cineasta hoy? Él sigue siendo el mismo, yo soy otro. Acabo de estrenar un documental sobre el asilo Unzué de Mar del Plata que llevó casi tres años de trabajo y estoy muy contento. Ahora quiero filmar un video experimental. Con respecto a Francia, estoy atento a su realidad política y a su producción cultural. Creo que ahora entiendo más cuestiones relativas a su multiculturalidad. Y  tengo el deseo de volver pronto.

 

Por Natalia Maya.