Traduciendo literatura francófona del Magreb con Marcos Calligaris

Libros de Tahar Ben Jelloun y Driss Chraibi.

Libros de Tahar Ben Jelloun y Driss Chraibi.

Marcos, sos periodista, trabajás en Moscú, y sos francófono. ¿Te sirve el francés para tu trabajo?
Efectivamente, trabajo en Moscú para RT (Russia Today), un canal que ofrece la visión rusa sobre los principales acontecimientos del mundo, así como en España lo hace TVE, en Alemania la Deutsche Welle o en Francia France 24. RT tiene versiones en ruso, inglés, árabe, francés, alemán y español, se trata de una especie de torre de Babel informativa en la que cualquier conocimiento de otras lenguas es importante. 
En el caso del francés, es de gran utilidad a la hora de chequear fuentes, opiniones, o noticias que, aunque provengan de Francia, en el mundo de la información circulan masivamente en inglés y en muchas ocasiones pueden contener inexactitudes o estar incompletas.

 

¿Cómo fue tu contacto con la lengua francesa?
Mi primer contacto con la lengua de Molière fue casi fortuito, probablemente impulsado por la ascendencia francesa de mi madre. Lo cierto es que de camino a mi trabajo había una Alianza Francesa; primero empecé haciendo pausas rutinarias para tomar un café en el barcito parisino que alberga y cuando quise acordar estaba metido de lleno en un curso, luego en otro y no paré más. Así fue como llegó inexorablemente mi pasión por la chanson française, la Nouvelle Vague, la literatura, los viajes a Francia y finalmente hacia los confines de la francofonía.

 

Driss Chraibi.

Driss Chraibi.

Empezaste un proyecto de traducción al español de novelas francófonas del Magreb. ¿Cómo surgió esa idea?
Fue casi por azar. Hace unos años viajé a Marruecos y me tropecé literalmente con un libro de Driss Chraibi. Allí los vendedores apilan en las veredas desde dientes humanos hasta lo mejor de la literatura local. Así fue como encontré un ejemplar de Vu, lu, entendu (Visto, leído, escuchado), libro autobiográfico de Chraibi, que terminé devorando aquella misma noche y que me impactó hondamente. Se trata de un libro que paralelamente a la historia personal del escritor (quien es considerado nada menos que uno de los fundadores de la literatura magrebí en francés, algo que supe más tarde) también describe con una lucidez notable los momentos más importantes de la historia de Marruecos. Al día siguiente fui a una librería y compré la mayor cantidad de libros que pude de este y de otros autores que producen en francés. 
Ya de regreso en Argentina descubrí que muchas obras fundamentales de autores francófonos de Marruecos, Argelia y Túnez, incluso obras que obtuvieron gran reconocimiento en Europa, son inéditas en español. Juan Carlos Maldonado, de Alción Editora, aceptó mi desafío y se comprometió a publicar las obras que yo tradujera. Así fue como desde Argentina publicamos en español El primer amor es siempre el último, de Tahar Ben Jelloun y Visto, leído, escuchado, aquel libro de Driss Chraibi con el que empezó esta aventura.

 

¿Qué dificultades tuviste al hacer esas traducciones?
Si bien el nivel de lenguaje que utilizan estos escritores para expresarse en francés es verdaderamente complejo, es importante señalar que hablamos de autores cuyo idioma materno es el árabe dialectal (árabe marroquí o dariya) una lengua oral que carece de un sistema de ortografía reglado, y que al mismo tiempo utilizan vocabulario de lenguas bereberes. Por este motivo, en los escritores marroquíes francófonos es frecuente encontrar pasajes donde se percibe claramente cómo debieron enfrentarse al desafío de poner por escrito en una lengua europea cuestiones relacionadas estrictamente a su lengua oral nativa y que con seguridad hubiera sido más fácil expresar en árabe clásico, lengua en la que produce la mayoría de los autores locales. Mi papel fue trasladar a la vez esto al español y allí radica quizás la mayor dificultad. Pero al mismo tiempo se trató de un lindo desafío, ya que a pesar de estar traduciendo un original del francés, a menudo me encontré investigando etimologías y formas propias del árabe o de lenguas orales del norte de África.

 

Tahar Ben Jelloun.

Tahar Ben Jelloun.

 

¿Qué te atrajo en esa literatura?
Lo que me atrajo desde un primer momento fue el hecho de tener acceso a historias de primera mano sobre la cultura marroquí sin la necesidad de tener que recurrir a traducciones. En este caso, debido a la historia común que une a Francia con Marruecos, Argelia o Túnez, muchos intelectuales producen en francés y sus obras son tan legítimas para contar la realidad local como aquellos que lo hacen en árabe, en lenguas bereberes y hasta incluso en español.

Los autores relatan en una lengua europea cómo ven el mundo y la vida en general desde el otro lado del Mediterráneo.

¿Qué diferencias o similitudes ves con la literatura de Francia?
Los autores magrebíes francófonos han crecido leyendo literatura francesa. Esto se evidencia rápidamente en sus ineludibles referencias a grandes clásicos como Balzac, Dumas, Baudelaire, Victor Hugo y Zola, entre otros. Pero el ámbito de la literatura es solo un reflejo de la influencia que vivieron países como Marruecos, Argelia y Túnez bajo el control colonial de Francia.
Señalada esta semejanza, las principales diferencias con la literatura francesa son la temática, los protagonistas y los escenarios. Si bien estos autores abordan todos los géneros de la literatura, el tema central por lo general es el ser magrebí. Los autores relatan en una lengua europea cómo ven el mundo y la vida en general desde el otro lado del Mediterráneo.

Marcos Calligaris en Moscú.

Marcos Calligaris en Moscú.

¿Y con respecto a la literatura de América Latina?
Hay muchas semejanzas. Lo que hacen estos autores del norte de África al producir literatura en francés es ni más ni menos lo que sucedió con los primeros grandes autores de América Latina que escribieron en español. De alguna manera se trata de contarle al mundo en una lengua ‘importada’ las vicisitudes de la vida en países y culturas alejadas de los centros culturales dominantes de la época.
Pero hay que destacar que lo del Magreb es un caso más reciente: Marruecos se independizó de Francia en 1956, Túnez hizo lo propio poco días después y la Argelia francesa llegó a su fin en 1962. Esta situación colonial es inherente a todos los autores magrebíes francófonos, incluso a los contemporáneos. 
Y no puedo dejar de mencionar casos más puntuales que establecen un llamativo paralelismo entre África del Norte y América del Sur, particularmente por el uso de un idioma común: el francés. Me refiero a los autores sudamericanos francófonos. Sin ir más lejos, en Argentina la lista no es corta y un caso que me llama particularmente la atención por su semejanza a la literatura magrebí —en cuanto al idioma de producción, el tema y el objetivo— es Eduarda Mansilla y su Pablo, ou la vie dans les Pampas. 
Además, creo que en Argentina en particular y en América Latina en general, compartimos con los magrebíes una mirada dual del mundo, con un ojo posado sobre nuestras realidades nacionales y otros sobre lo que sucede en Europa.

¿Cuales son tu próximos proyectos?
Respecto a la traducción, mi idea es continuar redescubriendo obras de autores francófonos del Magreb inéditas en español. Pero la francofonía trasciende esas fronteras y no descarto incursionar más adelante en la traducción de literatura francófona del África subsahariana e incluso de América Latina.

 

Por Víctor Montoya.