La primera novela francófona argentina: Eduarda Mansilla entre dos mundos.

Eduarda Mansilla

Eduarda Mansilla

Eduarda Mansilla, sobrina de J. M. de Rosas y hermana de Lucio V. Mansilla fue considerada la primera novelista mujer Argentina. Nacida en Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1834 en el seno de la élite cultural, política y social influyente de la época.

Se desempeñó como escritora en diversos géneros literarios que incluyen obras de teatros, textos críticos y ensayos filosóficos. Su primera obra llamada El médico de San Luis, una historia representativa del mundo provinciano y su carácter local,  fue editada en Buenos Aires en 1860 y firmada bajo el seudónimo de Daniel. En el mismo año edita la novela Lucía Miranda, reelaboración del mito de la cautiva en la primera población española levantada en territorio argentino, Sancti Spiritu.

Lejos de los mandatos sociales, o más aún dentro de ellos y desafiándolos, Eduarda descubre el destino de sus días: escribir, publicar y ser conocida por ello, más allá del renombre de su genealogía familiar. En 1885 Sarmiento escribía en un artículo de El Nacional: “Eduarda ha pugnado diez años por abrirse las puertas cerradas a la mujer, para entrar como cualquier cronista o reportero en el cielo reservado a los escogidos hasta que al fin ha obtenido un boleto de entrada a su riesgo y peligro…”. Esposa del representante del gobierno argentino ante Estados Unidos, madre de seis niños y con un reconocido linaje, debía responder a las demandas estereotipadas del imaginario femenino de la época, que lejos estaban de otorgar a la mujer el rol profesional y público de escritora.

Durante su larga estadía en Francia, a la que se trasladó con su familia por deberes diplomáticos de su marido, publica en 1869 su primer novela en francés: Pablo, ou la vie dans les Pampas, historia de un gaucho desertor, editada en su versión original por la revista L’artiste. Esta novela, traducida al inglés, alemán y español, marca el inicio de la literatura  francófona argentina que tendrá variadas manifestaciones posteriores en nombres como Silvina Ocampo, Delfina Bunge, Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, entre otros. La publicación de esta novela es motivo de un breve intercambio epistolar con el ya reconocido Víctor Hugo, quien elogia la elegancia del francés de Eduarda y la traducción del mundo americano a esa lengua; en 1870 le responde en una carta:

“Su libro me ha cautivado. Yo le debo horas cautivantes y buenas. Usted me ha mostrado un mundo desconocido. Escribe en una excelente lengua francesa, y resulta de profundo interés ver su pensamiento americano traducirse en nuestro lenguaje europeo. Hay en su novela un drama y un paisaje: el paisaje es grandioso, el drama es conmovedor. Se lo agradezco señora, y rindo a sus pies mis homenajes”

En 1879, a los 45 años Eduarda abandona Paris, deja allí a su marido e hijos y viaja hacia Buenos Aires con la voluntad de dedicarse exclusivamente a la escritura literaria y periodística, continúa escribiendo, publicando e incursionando en nuevos géneros pero ya reemplazando el Daniel por “Eduarda Mansilla de García”, y finalmente por su nombre de soltera, reafirmando así la conquista de una identidad que desafió la domesticación femenina de la época, no sin pagar el precio de la condena social. La reedición de las obras de Eduarda, pese a su voluntad, permite hoy acceder a un discurso que atraviesa la ficción y permanece como un testimonio de época y diálogo cultural.

 

Por Natalia Maya.