El Principito argentino, entrevista con Nicolás Herzog sobre su próximo documental

Estampilla argentina del Principito y de Antoine de Saint-Exupery.

Estampilla argentina del Principito y de Antoine de Saint-Exupery.

Tanto os hablé del desierto que antes de seguir hablando de él, me gustaría describir un oasis. La imagen que tengo de él no está perdida en el Sahara(…)Era cerca de Concordia, en la Argentina, pero podría haber sido en cualquier otro lugar.

                            Antoine de Saint-Exupéry, Tierra de Hombres, cap V.


La experiencia es el material de la ficción, todas las historias que conocemos son producto del cruce de un imaginario que en algún momento fue vivido. Los lugares, las construcciones, las calles, los ríos, las familias, los encuentros, todos viven en una doble condición: la realidad y su potencial de relato fantástico. Este cruce es el que se construye alrededor del Palacio San Carlos, en Concordia, Entre Ríos y la estadía de Antoine de Saint-Exupéry junto a una familia de la zona, y al cual el director Nicolás Herzog está dando forma para su próxima película.

Ubicado en Concordia a orillas del río Uruguay, el Palacio San Carlos tiene una historia cargada de fantasías y mitos atractivos. Construido en 1888 por el Conde francés  Eduardo De Machy, quien llegó a la ciudad junto a su esposa y creó en la zona una fábrica de conservas, hielo seco y una posterior herrería, es habitado por la pareja sólo por un periodo, ya que lo abandonaron para partir a Francia, sin explicación. Posteriormente, el Palacio es adquirido por la familia Fuchs y es aquí donde comienza a construirse la ficción sobre el lugar y la familia, gracias a que reciben, ocasionalmente, como huésped a Saint-Exupéry.

En 1929 Saint-Exupéry  formaba parte de una comitiva destinada a abrir una ruta que uniera la línea de correo aéreo de Buenos Aires con Santiago de Chile, Asunción y Patagonia. Se encontraba en calidad de viaje oficial cuando su avioneta sufre un desperfecto técnico que lo obliga a realizar un aterrizaje de emergencia a orillas del río Uruguay. Es en esas circunstancias que entran en escena dos niñas: Edda y Suzanne, hijas de la familia Fuchs, que lo interpelan con curiosidad. En su libro Tierra de Hombres, en el capítulo Oasis relata: “había aterrizado en un campo y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas, fue en un campo cerca de Argentina, en Concordia”. Todo lector de El Principito, recuerda esa primera imagen del aviador en el desierto, sorprendido por la visita de un niño que misteriosamente lo atrapa en su ambigua fantasía. Esta experiencia de Saint-Exupéry, pudo haber sido el germen de su obra más celebrada: El Principito. Y es esta línea de trabajo que se encuentra desarrollando el director Nicolás Herzog, originario de Concordia, con su equipo. El director llevó a cabo una investigación sobre el castillo, los relatos de los habitantes, allegados a la familia y materiales documentales realizados sobre esta historia. Che Monsieur entrevistó a Nicolás Herzog, quien nos ilumina sobre esta historia misteriosa y fascinante que enlaza los límites de la realidad y la fantasía.

Familia Fuchs, archivo de la familia Fuchs Valón. Cortesía Nicolas Herzog.

Familia Fuchs, archivo de la familia Fuchs Valón. Cortesía Nicolas Herzog.

¿Cómo surge la idea de filmar en tu ciudad la estadía de Saint-Exupéry y construir con eso un relato?
En Concordia, el “castillo” de San Carlos y toda la dimensión fantástica que lo rodea es como un imán para quienes crecimos allí. Nunca se supo demasiado sobre el paradero de sus primeros dueños -el francés Eduard Demachy, que construyó el palacio en 1888-, ni tampoco sobre los pormenores de la visita de Saint-Exupéry a comienzos de 1930, cuando era director de la Aeroposta Argentina. Siempre sentí que en algún momento, de forma natural, iba a terminar haciendo una película sobre esa historia. En 2009 había filmado mi primera película (Orquesta Roja, 2010) allí mismo. Incluso en una escena premonitoria, dos personajes recordaban el mito de la estadía de Antoine y su inspiración. El momento llegó en 2014, cuando se cumplía un año de la restauración que se había hecho de la casa. Me pareció un momento interesante para iniciar el proyecto.

El castillo de San Carlos es un testimonio de las influencias y vínculos de Francia y Argentina en la época, ¿la película trabajará también sobre los mitos que giran en torno a su historia? Podrías contarnos un poco sobre eso.
Alrededor de esta historia emergen un sinfín de temas. Siempre me interesó el que vincula a Saint-Exupéry con las hijas de la familia Fuchs Valón, quienes alquilaban la casa a la Municipalidad de Concordia. Eran dos niñas de entre 10 y 15 años, que luego Saintex describiría en un artículo publicado a fines de 1932 en la revista francesa Marianne, llamado “Princesses d´Argentine” -antesala del capítulo “Oasis”, de su libro Tierra de Hombres-. Ese capítulo, escrito en forma de diario, y sobre todo la descripción que hace de las “princesitas”, nos hace suponer a muchos que el germen de lo que después sería su obra cumbre, “El Principito”, está allí, en esa historia. Y esa es la hipótesis que sostenemos en la película.

Foto de época del Palacio San Carlos, Concordia, Entre Ríos, Argentina. Foto: Antonio Arola. Cortesía Nicolas Herzog.

Foto de época del Palacio San Carlos, Concordia, Entre Ríos, Argentina. Foto: Antonio Arola. Cortesía Nicolas Herzog.

 
¿Qué tipo de registros utilizaste para reconstruir la historia del palacio y la visita de Saint Exupery?
La película tiene varias capas. En primer lugar, hay lo que llamo “el coro local”. Allí aparecen personajes o grupos ligados a la historia del castillo. La voz de la guía del palacio; el guardaparques; los familiares de las “princesitas”; los visitantes del parque, etc. Ellos son el corazón de la película y es desde ellos que pendulan los mitos y las verdades de la historia. 
Por otro lado, utilizamos material preexistente. En 1964, una delegación francesa filmó la ruta de Saintex por el mundo y llegó a Concordia para registrar a las “princesitas”. Es un material valioso porque es la única vez que dieron un testimonio a cámara. Hasta ese momento, los franceses suponían que todo lo que rodeaba a la historia de San Carlos y a las “pequeñas hadas” era pura fantasía.

Treinta años después, en 1994, un realizador concordiense, Danilo Lavigne, hizo un documental ficcionado llamado “Oasis”, que recorre esta historia y que también forma parte la película. 
Durante el trabajo de investigación nos enteramos que Saintex, junto a Jean Renoir, mientras se encontraban exiliados en Estados Unidos -durante la II Guerra Mundial-, encararon la tarea de llevar Tierra de Hombres a la pantalla grande. El proyecto quedó inconcluso, pero de ese intercambio epistolar quedaron grabaciones hechas en gramófono por el propio Antoine, donde le relata al director los pormenores del trabajo que está encarando. Los audios de ese momento revelan la importancia del vínculo de Saintex con las niñas de Concordia, ya que en la ficción que se encontraba adaptando, es central la historia de amor entre un piloto y una de las chicas.

Rodando. Foto: Adriana Barreto. Cortesía Nicolas Herzog.

Rodando. Foto: Adriana Barreto. Cortesía Nicolas Herzog.

¿De qué manera van a trabajar el material que encontraron en los audios?
Para compensar ese material, recreamos algunas secuencias de la vida cotidiana de 1930 en Super8 blanco y negro, con dos actrices como protagonistas, tratando de emular una suerte de película familiar de la época, desde el punto de vista del propio Antoine. Es un juego de espejos que bordea la dimensión onírica de la fantasía del escritor con mi propio punto de vista sobre la historia. Y, por otro lado, fortalece la hipótesis de la inspiración que guía la película.

El rodaje de la película se realizará en Francia y Argentina, ¿cómo es la experiencia de filmar en Francia?
Al momento, hemos concluido el rodaje de la etapa Argentina (Concordia y Buenos Aires) y estamos trabajando en la pre-producción de la etapa francesa, proyectada para abril de este año. Filmaremos básicamente en Lyon y, probablemente, en un pueblito llamado Villers-sur-Mer, donde se encuentra un castillo homónimo al de Concordia, donde pasó sus últimos días el primer dueño de la casa. Pienso este viaje como la posibilidad de contrastar la hipótesis con allegados a la vida y obra de Saint-Exupéry y, de alguna manera, volver al origen de esta historia donde ficción y realidad se saludan con mucho afecto.

 

Por Natalia Maya