Juan y Lou en el Festival de Biarritz. Amor, geografía e identidad

Lou.

Lou.

El festival de cine Biarritz Amérique Latine es un punto de encuentro importante para las producciones latinoamericanas inéditas en largometraje, cortometraje y documental que buscan visualización internacional. Entre los films en competencia, el festival presenta en cada edición diversas temáticas en torno a las que se nuclean las proyecciones con el objetivo de descubrir aspectos de la cultura latinoamericana e integrarlos en conferencias, exposiciones fotográficas, jornadas literarias, etc.

En este marco se presentó el 28 de septiembre la película francoargentina Juan y Lou, ópera prima del director francés Harold Deluermoz. Proveniente de Lyon, Deluermoz realizó una maestría en cine documental en la Universidad del Cine en Buenos Aires. Producto de su tesis es el primer largometraje que presentó en Buenos Aires y con el que inicia su gira por festivales europeos.

Juan y Lou es, en principio, una historia de amor entre una joven francesa que arriba a Buenos Aires para estudiar e iniciarse en el trabajo de cooperativas, y un chico que vive y trabaja en la calle, pero cuando avanza el film el amor es solo un componente más del universo que la película construye. Con una mirada cruda, despojada, recorre los encuentros y desencuentros de visiones entre Juan y Lou, y lo hace acertadamente traduciendo las calles de Buenos Aires, el mundo cotidiano de la marginalidad, las alternativas y los modos de resistencia que laten en la ciudad como reafirmación y lucha.

Alejada de los clichés del exotismo que suelen acosar a la mirada extranjera, el director logra un equilibrio delicado del formato documental: posicionarse en la distancia justa entre la historia desnuda y su intervención. Juan y Lou se aman en Buenos Aires como no podrían hacerlo en ningún otro lugar del mundo. Amor, geografía e identidad hacen un cóctel fresco y profundo que merece los méritos y una buena vida para el film.

Fuimos al encuentro de su director para conocer cómo fue el proceso de trabajo que le dio vida al film.

 

Puente entre mundos.

Puente entre mundos.

Entrevista al realizador Harold Deluermoz

¿Cómo fue el encuentro con los personajes de la película? Lou, al igual que yo es de Lyon, y vino a Argentina para realizar su pasantía de fin de estudios en la revista Hecho en Buenos Aires. Un día me presentó a su nuevo novio: Juan. Al principio estuve algo asustado por la relación, dada la situación personal de Juan, pero luego los volví a ver y me di cuenta que Juan era muy inteligente y con muchas ganas de testimoniar sobre su vida. Nos hicimos amigos y le propuse seguirlo para hacer un corto en el marco de mi maestría. Rápidamente, nos pareció interesante más bien dar cuenta de esta relación como puente entre dos mundos y el proyecto se convirtió en seguirlos a ellos dos: “¿puede funcionar una relación entre dos personas que vienen de ámbitos diferentes?”

¿Qué ángulo elegiste para contar esta historia? Me interesaba tratar a Juan y Lou al mismo nivel, como dos jóvenes del siglo XXI en búsqueda de sí mismo. El pueblo somos todos nosotros: norte o sur, más o menos ricos. Por un lado, descubrir la historia de Juan, me permitió ponerle un rostro a los chicos de la calle que me cruzaba cotidianamente en San Telmo. Del otro, Lou encarna esa juventud que se va al extranjero para buscar un sentido que no encuentra en su país (como fue mi caso). En Francia, me parece que nuestra generación está muy despolitizada. También, quise retratar la Buenos Aires que me dio ganas de vivir acá: los movimientos sociales, el cooperativismo, la creencia en el arte como medio para la transformación social, etc. Más allá de la historia de amor, es un film sobre la posibilidad del encuentro y la necesidad de asumir un compromiso, una llamada a la solidaridad y la sensibilidad.

¿Cómo fue el proceso de trabajo? Nos juntábamos con Juan y Lou y me contaban lo que solían hacer; así fuimos eligiendo situaciones que nos parecían interesantes para la película. Los seis meses del rodaje corresponden a los seis últimos meses de la relación que duró un año. Así, a medida que avanzaba la filmación también se deterioraba la relación y, además, de ser realizador me volví un mediador. En paralelo del rodaje, empecé a editar las secuencias y construir el relato. Elegí una estructura un poco como un patchwork sin perder de  vista una cierta evolución dramática, dada por la vida misma.

¿Considerás que el formato documental funciona como un modo de representación de la verdad? El documental me parece muy potente para hablar de la vida. Esta historia se dio en Buenos Aires, pero hubiese podido ocurrir en Francia también. Aunque Juan y Lou están en el margen, pertenecen a esa masa amplia de personas comunes. Me llamó la atención que Juan estaba fascinado por las videos de guerra en Siria, casi un año antes de la matanza de Charlie Hebdo en Francia. Puede ayudar a entender cómo esta sociedad mundializada fabrica terroristas con la exclusión. En fin, creo que la política existe donde se acepta la pertenencia en un mundo común y la necesidad de su entera reconfiguración.

 

Por Natalia Maya